05/08
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guía del festival
de cine francés
Las de los
AUTORES
La pequeña Jerusalén
La pequeña Jerusalén de Karin Albou:
“A ver, ¿quién es más libre, el que sigue una regla o el que no sigue ninguna?”, pregunta el profesor de Filosofía. “El que no sigue ninguna regla”, responde un alumno tras otro hasta que le toca el turno a Laura, la protagonista de La pequeña Jerusalén (La petite Jérsusalem, 2004). “Es más libre el que sigue una regla”, dice ella, y el profesor exclama: “¡Una kantiana!”. Habría que acotar que no se trata de cualquier norma, para hacer justicia al autor de Crítica de la razón pura (1781) y Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), Immanuel Kant. Las que darían la libertad son propiamente las reglas que puedan ser consideradas como universalmente válidas y que son adoptadas porque la razón muestra que ello es así. La cita del autor culminante del racionalismo sirve en la película de contraste necesario para abordar un fenómeno característico de la actualidad: la apelación a la religión como fundamento de la manera de vivir. Tratar de organizar la vida con arreglo a las reglas de una tradición no sería algo insólito si se lo considera desde la óptica kantiana. El problema consistiría en qué normas deben seguirse, y pensar que se trata de las que reveló Dios no plantea una dificultad menor que la de cómo podría aspirar a saber un filósofo lo que debe ser regla válida para toda la humanidad - Pablo Gamba
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La pequeña Jerusalén de Karin Albou:
El lugar y uno de los que lo habita: el título del filme de Karin Albou tiene un doble sentido. La pequeña Jerusalén es a la vez el barrio de Sarcelles, al cual emigraron numerosos judíos de África del norte, pero también puede ser el sobrenombre de la heroína, Laura, de 18 años, que se debate entre su deseo y su educación. La cineasta ha tenido la buena idea de tomar partido por la muchacha, a la que se ve desde los primeros planos, muy cerca de la piel, emperifollarse, esconder sus piernas bajo medias de punto, abotonarse la camisa para esconder sus pechos, y salir a la calle sin esgrimir otros argumentos sensuales que su boca y sus cabellos. Muy rápidamente uno se da cuenta de que, si Karin Albou roza los peligros que la acechan (el retrato de una familia recalcitrante y ultrarritualista; acumulación de trivialidades sobre la liberación sexual de una joven judía en un barrio donde es víctima de todos los racismos), ella los sortea inteligentemente. Su película, que hace alusión a los atentados perpetrados contra las sinagogas y parte de un contexto político incandescente, evoca la manera como las comunidades suburbanas se interrogan ellas mismas y describe la toma de conciencia de alguno de sus miembros -
Jean-Luc Douin, Le Monde
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La pequeña Jerusalén de Karin Albou:
Los tratados de filosofía que Laura memoriza la llevan a creer que el amor es una superstición, y que la libertad personal se halla en el respeto de la ley. Qué ley obedecer se convierte en la pregunta del filme. Su devoción al régimen de Kant -incluido un largo paseo justamente a la misma hora cada día- no se compagina con la confusión que siente en su atracción hacia Djamel.
Kevin Crust, Los Angeles Times
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Mi madre de Christophe Honoré:
La ávida búsqueda de sensaciones es un asunto tan urgente en Ma mère que, luego de un corto rato, el espectáculo de sus personajes desorientados contorsionándose por el presunto placer muta de lo titilante a lo patético, y de allí a lo risible. Y no se equivoquen: diversión y placer son palabras que esta gente encara con mortal sentido de cumplir una misión. En el creciente chiste que es la película, libremente adaptada de una novela del teórico de la moral francés Georges Bataille, un angustiado adolescente se masturba junto al cuerpo de su madre muerta, quien parece haberse cortado el cuello justo cuando estaban a punto de consumar su vínculo incestuoso. En la banda sonora, el éxito de 1967 de The Turtles, “Happy Together”, salta alegremente
- Stephen Holden, The New York Times
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Trailer de Mi madre



La traición de Philippe Faucon:
Philippe Faucon es un cineasta demasiado discreto como para que uno omita subrayar, desde un principio, que forma parte de los raros artistas dotados de una gran justicia de mirada, capaz de restituir la complejidad de un universo a partir de los elementos más simples. Sin reducirla a ninguna de sus grandes fuentes, su obra evoca reminiscencias de Bresson, Pialat y Cavalier. Entre novela y crónica social, sus principales filmes están dedicados a la adolescencia –L’Amour (1990), Sabine (1992), Muriel fair le désespoir de ses parents (1995), Samia (2001)– y exploran sin una onza de complacencia esa zona fronteriza donde el individuo vive la experiencia, violenta e inédita, de la tensión entre voluntad de independencia y la pertenencia a su medio social, de exaltación de la libertad y restricción colectiva. La traición está bien lograda sobre la base de una historia relativa a una experiencia diferente de la suya, y que se sitúa en un marco histórico y político particularmente sensible (el de la guerra de Argenia),  en la cual el cineasta ha vertido a la vez los hechos y todo su estilo y sus preocupaciones más personales. Sencillamente, la dialéctica de la independencia y de la sujeción, de la libertad y de la fidelidad, del individuo y de la comunidad, adquiere allí una dimensión más candente, porque debe desenvolverse simultáneamente en el terreno de la intimidad y de la gran historia - Jacques Mandelbaum, Le Monde
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Cine de
GÉNERO
Ellos
LAS DE POLICÍAS Y LADRONES

Los estafadores de Frédéric Balekdjianl:
La última vez que un filme francés explotó con tan cruda energía fue cuando Mathieu Kassovitz debutó con La haine en 1995. Esta es la primera película del escritor/director Frédéric Balekdjian también, y usa el mismo estilo neorrealista, con cámaras en mano de tomas cercanas y en las calles. No hay ni un soplo de falsedad o huella del decorador. Incluso el guión tiene la ruda impredecibilidad de la vida real.
Agnus Wolfe Murray, Eye For Film

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Trailer de Los estafadores

 

36 Brigada Criminal de Olivier Marchal:
Con sólo cuatro filmes como director, el ex policía Olivier Marchal ha cambiado el rumbo del film policial francés gracias a una visión dura que evade los estereotipos y se inserta en la tragedia de la cotidianidad. Así se presenta en Venezuela Brigada criminal, titulada originalmente 36 Quai des orfèvres, es decir, el número 36 del Muelle de los Orfebres, dirección física de la Policía Judicial en París. Tal título no es gratuito pues dentro de las paredes de ese edificio se inicia el drama que conduce a dos experimentados detectives a enfrentarse de manera brutal. El resultado es una bien construida historia que tiene mucho de lo mejor del film noir francés —en la tradición de Jean Pierre Melville y Henri-George Clouzot— sin desdeñar el buen cine de acción - Alfonso Molina, Ideas de Babel
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Trailer de 36 Brigada Criminal

 

36 Brigada Criminal de Olivier Marchal:
Denso y sombrío, con el clima pesado que presagia una violencia siempre a punto de estallar y la austeridad formal y el detallismo psicológico propios del cine policial francés, 36, Quai des Orfèvres confirma la revitalización que ha traído al género el surgimiento de libretistas y realizadores con experiencia en las fuerzas de seguridad. La mayor contribución de este fenómeno es, probablemente, la recuperación de un personaje, el policía, que había ido fosilizándose en el estereotipo y que recobra así su dimensión humana. La autenticidad que se percibe en la composición de cada retrato no sólo enriquece el espesor dramático de los personajes: también confiere a la historia una credibilidad que compromete el ánimo del espectador-
Fernando López, La Nación
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Con Daniel Gérard Depardieu y Daniel Auteuil

LAS DEL MIEDO

Ellos de Daniel Moreau y Xavier Palud y Cena con el diablo de Kim Chapiron:
En Francia se está haciendo cine de terror. Pero eso no significa, de por sí, que haya un cine de terror francés. Si la principal razón de ser de las películas es la existencia de un publico que conoce y disfruta las producciones del género, las cintas francesas bien podrían conformarse con ser una simple calco o extensión de lo genérico, sin mayores aportes. Los detalles que ponen de manifiesto que eso no es así revelarían lo francés de este cine, si además se pudiera establecer como rasgo común de varias cintas En el caso de Ellos de David Moreau y Xavier Palud (Ils, 2006), Cena con el diablo de Kim Chapiron (Sheitan, 2006) y El despertar del miedo de Alexandre Aja (Haute tension, 2004), exhibida en Venezuela y disponible en video, por poner un tercer ejemplo, parece tratarse de una serie de libertades a las que se presta más el cine francés que el de Hollywood - Pablo Gamba
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"La película es una sucesión de episodios en tiempo real. De manera voluntaria, no hemos respetado los usos del género, que exigen que, después de cada momento de terror, se produzca un período de descompresión. En Ellos, cuando las cosas empiezan, ya no hay marcha atrás. Nada de tiempos muertos, ninguna posibilidad de tomar aliento. Una fobia sólo puede dar paso a otra fobia" - Xavier Palud, codirector de Ellos
Lea la entrevista en Red Casting (en español)

Trailer de Ellos

 

Ellos de Daniel Moreau y Xavier Palud:
En los últimos años ha venido dándose una pequeña revolución casi post-moderna en el llamado cine de género que, aprovechando viejos esquemas del terror netamente setentero, ha hecho suyas historias añejas sobre acechadores, enemigos invisibles y tramas más o menos realistas, remozando éstas con una particular concepción del gore que en no pocos casos ha salvado la función ante la inoperancia de la puesta en escena o de la historia a narrar. El mérito de una propuesta como Ils radica en la apuesta de sus directores por eliminar ese a menudo innecesario efectismo visual y, de forma coherente, orientar el relato hacia las dos figuras del film, el matrimonio protagonista (el drama), y la casa de campo (el espacio). Así, gracias a una duración ajustada, ambos realizadores logran sacar el mejor de los partidos a un film en absoluto original erigido sobre la premisa del consabido basado en hechos reales - Óscar Brox, Pasadizo.com
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Cena con el diablo de Kim Chapiron:
Sheitan se desarrolla como una película de género muy estándar, con Bart y compañía tratando de escapar desesperadamente del diabólico Joseph (piénsese en Las colinas tienen ojos). Pero Chapiron impulsa el filme con humor afilado ("Joseph tiene algo para ti", le dice Thai a Bart, "deberías sellar el pacto") y escalofríos suficientes para hacer que el tiempo vuele. Olivier Bartélémy lo hace bien como el nervioso y susceptible Bart, pero Vincent Cassel es la más poderosa presencia aquí. Su Joseph continuamente sonriente y desaliñado es brillantemente perturbador. Y en lo que respecta al final, bien, es muy extraño, ¿pero que esperaban de una película francesa sobre satanismo?  - David Mattin, BBC

Trailer de Cena con el diablo

 

Lea el dossier sobre cine de terror francés en Fantastique
 

LA DE LAS HORMONAS

Está que arde de Claire Simon:
Los intensos sentimientos, la temeraria experimentación y la crasa inconsciencia de la adolescencia son convincentemente representados en la ligeramente demasiado larga Está que arde. Retrato del aburrimiento, y de la búsqueda de emociones y la confusión sexual de la juventud, se desarrolla en el tedio cotidiano de un pueblo de Provenza, durante la última semana de junio. La experiencia como documentalista de la directora Claire Simon le permite capturar una inmediatez que no puede ser impostada, a pesar de que el pietaje ardiente impresiona más que la mayoría de los elementos de la ficción.

Lisa Nesselson,
Variety
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"Deseo descubrir las historias en el tejido de la realidad, que surjan y no que se impongan desde el exterior, como esos guiones bien pensados en los que todo lo que hace la gente parece intencional, arreglado por adelantado por los estereotipos del pensamiento correcto".  Claire Simon, directora de Está que arde
Lea la entrevista en El Nacional

LAS COMEDIAS

Lo mejor de nuestras vidas de Danièle Thompson:
Concebida como obra coral, Lo mejor de nuestras vidas reúne una docena de personajes —vinculados con el arte— que convergen en la avenida Mantaigne de París, epicentro de la vida cultural, para desplegar sus conflictos y sueños. Todos están en crisis, cada cual a su manera y con sus razones. ¿Quién los une? Jessica, una chica venida de Macon y camarera del Bar de los Teatros, a donde todos van a comer o a tomar una copa. Ella logra que cada cual asuma sus propias decisiones para abrir un rayo de ezperanza en sus vidas. Et voilá, la comedia está servida - Alfonso Molina, Ideas de Babel
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Trailer de Lo mejor de nuestras vidas

Lo mejor de nuestras vidas de Danièle Thompson:
Danièle Thompson es una cineasta de talento. Su trayectoria en la cinematografía francesa se ha desarrollado principalmente desde 1966 como guionista de filmes de Patrice Chéreau, Jacques Deray, Louis de Funès, Gérard Oury (de quien es hija) y Claude Pinoteau, labor que la condujo hacia la dirección con su brillante debut como directora con la agridulce cinta Cena de Navidad (La Bûche, 1999), que la animó a unir a dos estrellas galas de nivel internacional, Juliette Binoche y Jean Reno, en Jet Lag: El Amor Viaja en Primera Clase (Décalage Horaire, 2002), una habilidosa comedia romántica que la dio a conocer a un público global. Su siguiente filme, un poco más contenido pero no por ello menos atractivo, es el que ahora llega a nuestras pantallas: Sueños de Orquesta (Fauteuils d'Orchestre, 2006)

Alejandro Leal, Tucineportal.com

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Mi mejor amigo de Patrice Leconte:
Autor de 32 películas, Patrice Leconte es, sin duda, no sólo un director prolífico sino, sobre todo, el realizador de películas fundamentales del cine francés de los últimos 20 años, como La viuda de Saint Pierre (2000), La chica del puente (1999), Ridículo (1996), El marido de la peluquera (1990 ) o El señor Hire (1989), es decir, dramas muy sólidos que indagan en las contradicciones de sus personajes. Desde hace algún tiempo Laconte ha dado un giro hacia la comedia cuya expresión más inmediata la tenemos en Mi mejor amigo (2006), actualmente en el Festival de Cine Francés. Comedia comercial bien dirigida y mejor actuada que no renuncia a ciertas reflexiones sobre el egoísmo, la soledad, la codicia y la necesidad de establecer nexos afectivos. Es un film sobre la amistad, pero también sobre lo opuesto a la amistad - Alfonso Molina, Ideas de Babel
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Trailer de Mi mejor amigo

 

Mi mejor amigo de Patrice Leconte:
Mi mejor amigo (Patrice Leconte, Francia, 2006) presenta un tema magnífico y cada día más raro, el de la amistad. Raro en particular en nuestro continente. En el cine del Sur, de momento, no recordamos nada sobre este tema. Al Norte, con Hollywood, su pérdida va junto con la del género western, aunque asoma de nuevo con las parejas de detectives y alguna que otra fábula como la reciente Ahora o nunca de R. Reiner. Pero el milagro poético y dramático de Midnight Cowboy (J. Schlesinger, 1969) no se ha repetido. En Francia e Italia es donde el tema ha sido más o menos recurrente, aunque cada vez menos incisivo. Quizás por la frialdad y egoísmo que parece invadir crecientemente la sociedad contemporánea. Y es allí donde se sitúa Mi mejor amigo, en clave de blanda comedia algo artificiosa pero finalmente iluminante al indicar la capacidad de interesarse por los demás como la verdadera condición para alcanzar la amistad. Original el acercamiento entre dos hombres tan dispares como un anticuario de edad madura y un joven taxista, cuyo terreno de encuentro, bien francés, es la erudición.
Ambretta Marrosu, El Dedo en el Ojo
, Últimas Noticias

Mi mejor amigo de Patrice Leconte:
A veces el cine es algo simple. Se limita a contar una historia sencilla, entretenida y edificante. Sin planos complicados ni finales crípticos. Proporciona algo que, en demasiadas ocasiones, molesta a la crítica: satisfacer al gran público. Y eso, aunque a veces no lo reconozcamos, tiene su mérito. Pensemos, por ejemplo, en un cineasta como Alfonso Cuarón. El director mexicano ha pasado por múltiples géneros en su interesante filmografía. Y lo ha hecho siempre con rigor y talento. Recordemos la road-movie juvenil Y tu mamá también, la emotiva adaptación de Dickens Grandes Esperanzas, la oscura tercera parte de Harry Potter o el drama futurista Hijos de los hombres. Filmes variopintos que quizás pequen de ciertos convencionalismos, pero que saben tratar a las grandes audiencias con inteligencia. Sin finales edulcorados ni historias manipuladoras. Tal habilidad por conjugar calidad y comercialidad es extensible a pocos realizadores actuales. Aunque uno de ellos sería, sin duda, el francés Patrice Leconte.

Carles Matamoros, Miradas de Cine

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La de los
PREMIOS
Edith Piaf: vida en rosa

Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

Embarcarse en una biopic en general, y en una película sobre la vida de un músico popular en particular, es como abordar un cazabombardero japonés repleto de explosivos rumbo a un portaviones estadounidense en el Pacífico. La película se salva sólo si se queda corta, si no llega a donde se supone que tiene que llegar. De otro modo es imposible salir airoso del reto, por su propia desmesura: relatar la vida de una persona famosa en alrededor de dos horas de película. Es un género maldito la biopic, y resulta prácticamente inevitable incurrir en los lugares comunes del lecho de muerte, la celebración de alguna fiesta de Año Nuevo para situar la historia en el tiempo y los estallidos histéricos que Hollywood ha convertido en sinónimos de “drama”. La forma de sortear todos estos peligros no la halló el director y guionista de Edith Piaf: la vida en rosa (La Môme, 2007), Olivier Dahan. Marion Cotillard sí entendió muy bien al personaje, tal como ha sido certificado por el Oscar y otros galardones. Esa es la razón para ir a ver esta película.
Pablo Gamba

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Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

El título original francés (La mome) hace referencia a la pequeñez infantil que Edith Piaf (nacida Edith Giovanna Gassion, hija de madre alcohólica y padre contorsionista) llevaría como su marca de fábrica. Su vida, no precisamente rosa, fue una novela triste que la leyenda halaría hacia un lado y otro borrando más de una pista. Nacida en la extrema pobreza, dejada a su suerte por progenitores que a gatas podían sobrevivir, la niña, con severos problemas de visión, se crió en el burdel de su abuela. Como adolescente cantaba en las calles y ahí fue descubierta por un empresario que apenas si disfrutó su triunfo antes de ser abatido en un ajuste de cuentas que salpicaría a quien ya era conocida como "la mome piaf", el pequeño gorrión. Durante la guerra consolidaría una fama local que algunos le reprocharían (cantaba para los alemanes, se dice) y otros aplaudirían (ayudó a escapar a más de uno, también se dice). El film hábilmente esquiva esta polémica, que al final del día tuvo poco vuelo. Terminada la guerra Piaf trascendió las fronteras y esa voz vulgar y pedregosa, que desmentía en cada nota la fragilidad del cuerpo que la paría se hizo internacional. No por ello la suerte la acompañaría, porque esa voz, a la vez altisonante, despectiva, caparazón de la tristeza que la generaba y que su dueña intentaba ahogar en alcohol era la de una condenada. Piaf era a la vez encantadora y violenta, audaz e insegura, una diva que no terminaba de saldar las cuentas con la infelicidad de sus orígenes. Su vida emocional era un desastre que apenas si conoció una discutible pausa con su romance con el boxeador Marcel Cerdan (muerto en un accidente aéreo).
Héctor Concari,
Tal Cual
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Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

La vida en rosa (Olivier Dahan, Francia/Rep. Checa, 2007) es el título de la canción más famosa de Edith Piaf, a su vez la cantante más mundialmente famosa del siglo XX. La película es una biografía honesta y dignamente filmada, aunque algo sobreactuada por la protagonista (Marion Cotillard). A través de una narración pluritemporal, de un afán realista que busca mostrar la fea cara de la miseria y el vicio sin trucos emocionales, que intenta revivir una criatura extraordinaria en sus virtudes y defectos, no logra escapar sin embargo a la insuficiencia. Centrada en el fenómeno individual, le es imposible, obviamente, abarcar toda la complejidad de la vida real. De tal manera que se le escapa demostrar la importancia de Piaf en el mundo cultural de la canción francesa, que respondió a la desesperación de un siglo esencialmente trágico con la exaltación de la pasión amorosa, el humor y la reivindicación popular, la sorna y el descaro antiburgués, en suma con el grito exultante de la supervivencia. Un mundo que, prácticamente, murió con la misma Edith Piaf (1915-1963). La película vale la pena por las preguntas que puede estimular en un espectador atento y que deja sin respuestas -
Ambretta Marrosu,
El Dedo en el Ojo
,
Últimas Noticias

Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

Tengo apreciaciones encontradas con respecto a la película La vida en rosa (La Môme), de un Olivier Dahan al que hasta ahora le conocía más afinidades con Quentin Tarantino (recordemos que se trata del director de Los ríos de color púrpura 2. Los ángeles del Apocalipsis) que con algunos de los cineastas que se han especializado en recrear las vidas de los otros; no sé, con un Taylor Hackford (Ray) o un James Mangold (Johnny y June: pa sión y locura), por ejemplo. Por una parte, me parece un excelente biopic que cuenta entre sus aportes con una impecable y preciosista dirección artística; un eficaz guión salpicado de algunos buenos momentos y capaz de transformar cualquier existencia en cabal epopeya; una estructura narrativa que a simple vista, y por efectos de algunos cambios temporales, luce originalísima; y un reparto bastante convincente en el que, no obstante, sobresale la intérprete a la que se encomendó la delicada tarea de encarnar a la mítica cantante Edith Piaf: Marion Cotillard, francesa de 32 años de edad que lo hace tan pero tan bien que se merece ese "lugarcito" que se ganó en la historia del cine contemporáneo al convertirse, 48 años después, en la segunda artista de nacionalidad no estadounidense que recibe el Oscar a la Mejor Actriz. La primera fue Sofía Loren por La Ciociara (1960). Por otra parte, percibo en La vida en rosa la misma carencia que encuentro en esas biografías, impresas o cinematográficas, que se limitan tan sólo a ordenar, cronológicamente o no, los eventos cruciales en la vida de un personaje, como si con esta especie de espina dorsal (de escaleta, en el argot fílmico) bastara para comprender a cabalidad la huella que éstos dejaron en su tiempo y en quienes habitaron su tiempo - Juan Antonio González,
El Nacional

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Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

"Biopic" es el término con que suele presentarse la película de Olivier Dahan acerca de Edith Piaf. Pero, por definición, de un biopic suele esperarse lo que de una biografía: mucha información, datos, narración de hechos, explicaciones. Y eso –en particular la explicación- no lo entrega la película. Información, sí, mucha, quizás demasiada, precisamente, al no estar ordenada u orientada para informar, sino arrojada en una gran piscina a la que luego se invita al espectador a lanzarse y tratar de nadar. La vie en rose es, mucho más que la historia de una vida, un retrato de la figura, del personaje, del icono que representa la cantante, especialmente en el imaginario francés. Y es un retrato pintado en clave de cómic, construido con la fragmentación de la viñeta y también con su necesaria síntesis para reforzar los rasgos más característicos. Es, por lo demás, un cómic trágicamente épico, que sabe que está lidiando con un héroe de categoría mítica. Su historia, y sobre todo la manera de contarla, tienen que ser ad-hoc, lejos de la hagiografía - Pamela Biénzolas Saffie, Mabuse.cl
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Edith Piaf: La vida en rosa
de Olivier Dahan:

Si bien la sucesión de tragedias contadas en desorden no pueden dar cuenta de la persona ni del mito de Edith Piaf, la historia de este emblema mundial de la canción romántica tiene poder suficiente como para sobrellevar las falencias de esta versión cinematográfica. También hay momentos altos, y no son pocos, que se valoran y que hacen lamentar lo que esta película pudo ser - Juan Pablo Vilches, El Mercurio
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OTRA DE MARION COTILLARD

Atrévete a amar
de Yann Samuell:

El debut tras la cámara del francés Yann Samuell no es una película de medias tintas. Puede ser muchas cosas, pero lo que es, sin duda alguna, es excesiva. Como todo exceso, hay a quien le sienta mal, y a quien le sienta estupendamente. La música original empalagosa, algún que otro zoom acompañado del correspondiente y molesto sonido de velocidad, narración a ratos repetitiva, con una voz en off tal vez innecesaria... y sin embargo, se mueve. Samuell parte del juego de niños” que da título al filme (en su versión original, trastocado en castellano por un también coherente ¡Quiéreme si te atreves!) para mostrarnos una historia de amor y desamor a lo largo de la vida y hasta el punto de la muerte de sus dos protagonistas, una historia que, como el tiovivo que genera el juego, da vueltas en torno a éste hasta el mismo final que engancha con el principio, con ese largo y bonitamente preparado plano en el que la cámara vuela por encima de la obra, de los obreros, y del propio tiovivo que reposa sobre el cemento que cubre la zanja que cubre a su vez a los amantes - Sergio Vargas, Miradas de Cine
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Atrévete a amar
de Yann Samuell:

Trate de imaginar lo que pasaría si unos científicos talentosos pero malignos aplican una técnica de fragmentación y destilación al filme Amelie, llenando con él un tubo de ensayo y evaporándole el encanto, la inteligencia y la inocencia, y dejando un residuo miserable de incomodidades. Ese residuo miserable se llama Jeux d'Enfants o Atrévete a amar, y es una experiencia exquisitamente irritante: amanerada, arrogante, pagada de sí misma.
Peter Bradshaw, The Guardian

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